Proverbios 6:1-2
Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo,
Si has empeñado tu palabra a un extraño,
Te has enlazado con las palabras de tu boca,
Y has quedado preso en los dichos de tus labios.
La palabra es el medio de comunicación más utilizado en la historia de la raza humana. Por medio de ella transmitimos información, compartimos ideas, damos a conocer nuestros sentimientos, etcétera. Pero la palabra que decimos compromete el sentido de la verdad que hay en nosotros.
Las palabras que declaramos son poderosas porque con ellas podemos dar vida o muerte (Proverbios 18:21). Además las palabras atan o desatan (Mateo 18:18). Nuestras palabras pueden maldecir o bendecir, tanto a otros como a uno mismo. Serían bueno que evaluemos periódicamente cómo estamos hablando.
Es tan necesario reconocer la importancia de lo que hablamos que las Sagradas Escrituras abordan muchos aspectos acerca de lo que decimos. Por ejemplo: Proverbios 10:19 dice que en las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente. Cuando hablamos mucho y sin pensar, cometemos muchas faltas. Una de ellas es empeñar la palabra.
Empeñamos la palabra cuando prometemos, cuando nos comprometemos, cuando defendemos a alguien, cuando asumimos un compromiso de cualquier índole. Cada palabra que decimos nos compromete; así sea para algo bueno o malo. Por eso debemos tener mucho cuidado con las palabras que decimos.
El proverbista escribió acerca de esto ilustrando la importancia de la palabra en el caso de un préstamo de dinero o de algo de valor. Un mecanismo de respaldo para el que presta, de que no perderá su dinero, es por medio de la intermediación de un fiador. En este sistema hay tres personajes: el que da prestado, el que recibe prestado y el fiador. El papel del fiador es pagar la deuda en caso que el que recibió el dinero prestado no pueda cumplir con el acuerdo de pago.
Cuando comprometemos nuestra palabra en defensa de alguien es como si fuéramos su fiador. Si esta persona queda mal, nosotros estamos comprometidos a responder en su lugar. A pesar de que sea algo que pueda perjudicarnos, quien entiende que su palabra vale, sabrá responder y actuar adecuadamente. El problema es ese: muchas personas no estiman sus propias palabras, y mucho menos las de los demás.
Cuando sabes que tus palabras son aún más valiosas que el dinero, las administrarás lo mejor que puedas, pero si no conoces este principio, dirás cualquier cosa sin esperar consecuencias. El punto es que lo creas o no, tus palabras tendrán consecuencias sobre tu vida. Todo lo que dices te compromete; por eso el Señor dijo que daríamos cuenta de toda palabra ociosa que salga de la boca (Mateo 12:36).
Ahora que conocemos lo importante que es cada palabra que decimos, procura recordar si has prometido algo que aún no has cumplido. Reconoce si tus palabras han declarado mentiras. Admite si tus palabras fueron ofensivas en contra de alguien y empieza a cambiar el uso de tus palabras.
Tus palabras siempre serán el reflejo de tus pensamientos, así que al hablar le muestras al mundo lo que está en tu interior. Habla verdad siempres, porque la verdad no cambia. Habla amablemente. Y si no tienes nada bueno para decir,mejor calla.
Tus palabras te atan. Si estás atado a la verdad no habrá mayor problema. Pero si estás atado a la mentira, se diligente en volver a la verdad. Tus palabras pueden crear el ambiente más hostil o el espacio más agradable; eso depende de ti.
Te invito a evaluar tus palabras. Si estás triste, si las personas no te creen, si con facilidad te metes en problemas, meditar lo que has dicho y empieza a cambiar tus palabras hoy.