Te doy mi palabra
Eclesiastés 5;4-6
4 Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes.
5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.
6 No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?
Cuando Salomón escribe este refrán, no está invitando a que la gente deje de hacer promesas a Dios.
Lo que está instruyendo es la importancia de cumplir, porque de lo contrario, ofendemos a Dios y provocamos su ira.
Cuando Dios manda algo y no le obedecemos hay consecuencias.
De la misma manera, cuando hacemos votos y no cumplimos, hay consecuencias.
La Biblia enseña acerca de pactos, juramentos, promesas y votos.
Un pacto bíblico es algo sencillo de comprender:
Dios toma la iniciativa.
Dios pone las clausulas tanto para el cumplimiento como para el no cumplimiento.
El ser humano tiene la tarea de cumplir su parte si decide entrar en el pacto con Dios.
Si obedece, es bendecido.
Si desobedece, recibe maldición.
Un voto es una promesa de ofrenda de acción de gracias a Dios cuando una persona recibe algo que desea o anhela.
[Salmos 56:12] Sobre mí, oh Dios, están tus votos;
Te tributaré alabanzas.
[Salmos 61:8] Así cantaré tu nombre para siempre,
Pagando mis votos cada día.
[Salmos 66:13] Entraré en tu casa con holocaustos;
Te pagaré mis votos,
[Salmos 116:18] A Jehová pagaré ahora mis votos
Delante de todo su pueblo,…
Pero muchas veces podemos confundir juramentos con promesas, y no son la misma cosa.
Un JURAMENTO es la declaración de un compromiso que invoca algo sagrado como testito y garantía de la verdad o del cumplimiento.
Ese testigo o garantía para los israelitas esa Dios mismo.
Por eso, todo juramento implicaba a Dios.
El testimonio de una persona era válido solo si juraba que era verdad.
Incluso habían leyes que indicaban el pecado de hacer juramentos a la lijera.
Levítico 5:4
O si alguno jurare a la ligera con sus labios hacer mal o hacer bien, en cualquiera cosa que el hombre profiere con juramento, y él no lo entendiere; si después lo entiende, será culpable por cualquiera de estas cosas.
[Números 30:1-2]
1 Habló Moisés a los príncipes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado.
2 Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca.
La práctica del juramento para los israelitas era la garantía de la verdad.
En la dedicación del templo, se pidió a Dios que confirmara el juramento de cada persona, porque Dios es quien conoce la verdad.
2 Crónicas 6
22 Si alguno pecare contra su prójimo, y se le exigiere juramento, y viniere a jurar ante tu altar en esta casa,
23 tú oirás desde los cielos, y actuarás, y juzgarás a tus siervos, dando la paga al impío, haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo al darle conforme a su justicia.
En la infancia de muchos, crecimos oyendo y practicando los juramentos, pero no entendíamos lo que esto implicaba:
- Por diosito.
- Por mi madrecita que es lo más sagrado que tengo.
- Te lo juro (con la señal de la cruz en la boca).
- Que me parta un rayo si no es verdad.
Generalmente era sobre cosas del pasado, sobre declaraciones de verdad.
Pero también los juramentos implicaban pactos o promesas futuras.
En el desarrollo de la revelación bíblica no se nos oculta que mucha gente hacía juramento falso.
En la Biblia:
- El Faraón de Egipto: Prometió repetidamente a Moisés dejar ir al pueblo de Israel tras sufrir el impacto de las plagas. Sin embargo, rompía su palabra en cuanto la plaga cesaba, endureciendo su corazón una y otra vez (Éxodo 8-11).
- Sansón: Hizo un voto de nazareato con Dios, el cual incluía no cortarse el cabello, no tocar cadáveres y abstenerse de vino. Rompió gradualmente todas sus promesas debido a sus debilidades personales, culminando al revelar su secreto a Dalila (Jueces 13-16).
- El Rey Saúl: Juró solemnemente ante su hijo Jonatán que no mataría a David (1 Samuel 19:6). Rompió su juramento poco después debido a los celos, persiguiendo a David intensamente para intentar asesinarlo.
- El Pueblo de Israel en el Sinaí: Tras ser liberados de Egipto, el pueblo juró unánimemente cumplir las leyes de Dios (Éxodo 24:3). Pocos días después, rompieron el pacto fabricando y adorando un becerro de oro.
- Judas Iscariote: Como uno de los doce apóstoles, asumió un compromiso implícito de lealtad, hermandad y fidelidad hacia su maestro. Quebrantó este pacto de discipulado al entregar a Jesús a las autoridades por treinta monedas de plata.
- Pedro: Aseguró con vehemencia a Jesús en la Última Cena que jamás lo negaría y que iría con él hasta la muerte (Mateo 26:35). Esa misma noche, rompió su promesa al negar tres veces conocer a Jesús por miedo a ser arrestado.
- Ananías y Safira: Esta pareja de la iglesia primitiva juró voluntariamente donar la totalidad del dinero de la venta de una propiedad. Sin embargo, rompieron su palabra al retener secretamente una parte de las ganancias y mentir a los apóstoles (Hechos 5).
Vemos en la historia de la humanidad que muchas veces se violan los juramentos:
- Julio César y Bruto (Antigua Roma): Marco Junio Bruto era un senador que había jurado lealtad y apoyo a Julio César. Sin embargo, rompió su juramento uniéndose a la conspiración para asesinarlo en los Idus de Marzo (44 a.C.).
- Adolf Hitler (Segunda Guerra Mundial): En 1939, Hitler firmó el Pacto de No Agresión Mólotov-Ribbentrop con la Unión Soviética, prometiendo paz entre ambas naciones. En 1941, rompió este juramento al lanzar la Operación Barbarroja, la invasión a gran escala de territorio soviético.
- Fernando VII (España): Tras regresar al trono en 1814, juró solemnemente acatar la Constitución de Cádiz (de corte liberal). Incumplió su palabra, abolió la Constitución y reinstauró el absolutismo, persiguiendo a quienes antes había prometido proteger.
- Benedict Arnold (Guerra de Independencia de EE.UU.): Considerado un brillante general del ejército independentista, juró lealtad a la causa americana. Posteriormente, rompió este juramento y conspiró para entregar la estratégica plaza de West Point al ejército británico.
- Rey Eduardo VIII (Reino Unido): Como monarca, estaba obligado por juramentos religiosos y constitucionales. Abdicó al trono en 1936 antes de su coronación para poder casarse con Wallis Simpson, una mujer divorciada estadounidense, alterando la línea de sucesión real.
- El Tratado de Fort Laramie (EE.UU. y las Primeras Naciones): El gobierno estadounidense firmó varios tratados en 1851 y 1868, garantizando tierras sagradas (como las Colinas Negras) a los pueblos sioux y lakota a perpetuidad. Estos pactos fueron rotos unilateralmente al descubrirse oro en la zona, detonando décadas de guerras indígenas.
Y en la vida cotidiana:
- Juro que soy inocente.
- Yo no fui.
- Te prometo que no lo vuelvo a hacer.
- Te amaré toda la vida.
- Siempre te seré fiel.
- Estaremos juntos en las buenas y en las malas.
- Eres la única persona en quien confío.
- Jamás le diré nada a nadie sobre esto que me has contado.
Entendiendo este comportamiento, Dios manda amonestación con el mensaje a su pueblo por medio de los profetas para que tuviesen cuidado:
[Zacarías 8:16-17]
16 Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas.
17 Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento falso; porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová.
Jesús mismo enseña y amplifica esta instrucción cuando habla acerca de los juramentos:
[Mateo 5:33]
33 Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos.
34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;
35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.
36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.
37 Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.
Y Santiago nos dice en su carta:
[Santiago 5:12] Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación.
Con esta enseñanza, Jesús y Santiago nos dicen: ya no anden jurando. La humanidad no puede jurar, porque está corrompida.
Cada juramento que no se cumple ofende a Dios, porque lo ponemos como garantía de una falsa promesa.
Una promesa es el ofrecimiento voluntario de cumplir una acción o asumir una responsabilidad futura.
De ahí que todo lo que hablamos, todo aquello con lo que nos comprometemos es una promesa en sí misma.
Dijimos que íbamos a ir: vamos
Dijimos que íbamos a hacer: hacemos
Dijimos que íbamos a cambiar: cambiamos
Cada palabra es una promesa que debe ser cumplida.
La promesa es un compromiso personal basado en la propia palabra.
Cada palabra que dices te compromete.
Si rompes una promesa o una palabra afecta la confianza personal.
Puedes hacer promesas cotidianas con cada palabra, y las debes cumplir.
Jesus dijo:
[Lucas 24:49] He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.
Jesús está haciendo una declaración de promesa.
Están dando una palabra.
Yo enviaré la promesa de mi Padre.
Y dice luego: hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.
¿A qué promesa se refiere?
Indudablemente se refiere a la promesa del Espíritu Santo.
Dios mismo habitando de manera permanente en el creyente para iluminación, santificación y empoderamiento.
Y la cumplió.
Podemos estar seguros que Dios cumple sus promesas.
Por eso, nosotros también debemos aprender a cumplir las nuestras.
Hoy quiero invitarte a confiar en las promesas de Dios, pero también a cumplir tus promesas.
No importa que el mundo practique la mentira, nosotros andemos en verdad.