Hay temporadas del año donde solemos ser más nostálgicos, especialmente con el paso del tiempo. Y al meditar en ello, solemos pensar que antes era mejor. Al menos yo pensaba así, hasta que un día me detuve a pensar en este pasaje que siempre me había llamado la atención:

«Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.«
Eclesiastés 7:10

Quise ver otras versiones, y mira lo que me encontré:

DHH – Dios Habla Hoy
Nunca te preguntes por qué todo tiempo pasado fue mejor, pues ésa no es una pregunta inteligente.

NBV – Nueva Biblia Viva
No digas: «todo tiempo pasado fue mejor», pues no sabes si en verdad lo fue.

Mientras meditaba sobre el sentido que tomaba este pasaje examinado desde distintas versiones, me acordé de Israel saliendo de Egipto, y me pareció más congruente que nunca antes lo que este pasaje decía.

Solemos celebrar la salida de Israel de su esclavitud en Egipto, pero debemos notar que salir de Egipto no los hizo libres.

En el relato de Esteban en Hechos 7, justo antes de morir apedreado, él presenta una interpretación de lo que aconteció en la salida del pueblo de Israel de Egipto. Empieza hablando del libertador que Dios envió: Moisés.


v35-37. «A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a este lo envió Dios como gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza. Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años. Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis.»

Esteban confirma que Jesús es ese profeta prometido:

v38-40. «Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos; al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto, cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.»

Vamos al relato original.
– 400 años fueron esclavos los israelitas en Egipto.
– Toda la generación que salió de Egipto había nacido allí.
– Todo lo que conocían era Egipto, y el ser esclavos desde su nacimiento.
– Vieron morir a sus parientes y amigos en medio del barro, en la miseria y en el deseo palpitante de libertad.
– De su historia pasada solamente tenía una idea, un relato contado de generación en generación, una foto creada con la imaginación acerca de la tierra prometida.
Pero su día a día, sus uñas llenas de barro, sus cuerpos debilitados, sus faenas sin descanso, los gritos de los capataces, los azotes y las cicatrices, les recordaban que eran esclavos.

Todo esto cambió cuando Dios les envió a Moisés, el menos pensado, con un mensaje para Faraón: «Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto.» Ex. 5:1

Esto encendió los anhelos de todos.
Nadie sabía lo que era celebrar.
No conocían el gozo del Señor.
Sus corazones ardían de deseo por libertad de esa horrenda esclavitud.

Y después de diez plagas que atacaron a Egipto y la devastaron por designio de Dios, para castigarlos por su maldad, salió victorioso Israel de su esclavitud.

Mira la escena:
– Millones de personas de todas las edades, cargados de oro y plata (despojando así a los egipcios), montados en sus carretas, o a pie, empujando sus ganados, sus ovejas, cargando sus pertenencias, llevando sus bebés en brazos, los niños saltando felices, los rostros de todos iluminados por la esperanza de tiempos mejores.

Solo se habían alejado un poco cuando les tocó enfrentar el primer peligro. En un punto del camino fueron acorralados por el ejercito egipcio y renegaron diciendo a Moisés:
Ex. 14:11-12 «¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto.«

Podríamos darles la razón a los israelitas quejosos. O mejor dicho, nosotros hemos sido así.
Venimos a los pies de Cristo, y al primer momento de prueba consideramos volver atrás, volver a lugar de donde nos sacó.
Moisés quiso darles ánimo así:
Ex. 14:13-14 «No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.»

Pero este es el mensaje que Dios le dio a Israel por medio de Moisés:
Ex. 14:15-16 «¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco.»

En otras palabras, no esperes una salvación milagrosa estilo ciencia ficción o magia. La tarea es avanzar. Seguir marchando, no es quedarnos quietos, y mucho menos retroceder; es avanzar hacia donde Dios nos quiere llevar. ¿Para dónde iban ellos? Hacia el desierto, rumbo a la tierra prometida.

Antes de seguir, mira todo lo que Dios hizo allí, porque muchas veces no notamos la gloriosa salvación de Dios, que siempre es extraordinaria:

  1. v17 Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que los sigan; y yo me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería;
  2. v19a Y el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos;
  3. v19b … y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas,
  4. v20 … e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquellos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros.
  5. v21 Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.
  6. v24-25 Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios, y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios.
  7. v26-27 Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería. Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar.

Y celebraron allí gozosos esta gran obra poderosa que hizo Dios con ellos.

Pero entre el Mar Rojo y la tierra prometida había un gran desierto. Se necesitaba un cierto tiempo para llegar. Muy pronto, enfrentaron otro problema: las aguas amargas de Mara (Ex. 15:22-24) ¿Y qué hicieron allí? Murmuraron contra Moisés.

Dios les sanó las aguas y pudieron beber. Pero luego, muy pronto, volvieron a murmurar.
Ex. 16:1-3
«Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.»

¿Qué podemos notar aquí?
Israel había salido de Egipto, pero Egipto no había salido del corazón de Israel. Como lo declaró Esteban en Hechos 7.

Una y otra vez Israel murmuró contra Dios. Porque toda murmuración es contra Dios.

Una y otra vez los salvó Dios, porque tenía un plan y una promesa que cumplir a Israel.

Si estudiáramos el caso de Israel, hallaríamos un diagnóstico muy particular, que en psicología se llama: Dependencia emocional.

La dependencia emocional es un patrón en el que una persona se aferra a experiencias o relaciones pasadas, a menudo porque no está satisfecha con su presente, o porque es lo único que conoce. Esta dependencia se manifiesta como la necesidad de revivir constantemente emociones pasadas, incluso las negativas, para sentirse vivo o para evitar la insatisfacción actual. Se manifiesta también repitiendo patrones de comportamiento y hábitos relacionados con esas experiencias pasadas.

Particularmente, en el caso de quieres empezamos un caminar con Cristo, sólo hemos tenido experiencias de una vida pecaminosa, y cuando enfrentamos situaciones adversas que nos causan insatisfacción, lo único que tenemos es el recuerdo de lo que hemos vivido:

  • Cómo nos han tratado,
  • cómo hemos manejado los problemas en el pasado,
  • cómo nos sentimos ante ciertas circunstancias: escasez, abandono, rechazo, agresión, etc.
  • el recuerdo de las cosas dolorosas,
  • quiénes nos hicieron sentir menos o quienes nos dieron validación, etc.

Es por eso que con frecuencia, recaemos en aquello de lo que Dios nos sacó. Hay una dependencia, una necesidad de obtener aprobación, satisfacción, validación, y como es lo único que conocemos, resulta ser la manera en la que lo buscamos.

  • Volvemos a los sitios de antes,
  • nos comportamos como nos comportábamos antes,
  • recordamos momentos dolorosos o alegres para alimentar emociones que nos traigan validación.

Realmente lo que estamos haciendo es idealizar el pasado. Por eso, la cita del principio: Eclesiastés 7:10, nos dice:
«Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.»
Esta cita, nos confirma que esta dependencia emocional a nuestro pasado no es sabia, no es inteligente.

Pero la verdad detrás de todo esto es que nuestra dependencia emocional a nuestro pasado nos impide ver lo que está adelante de nosotros.

El mensaje para Faraón fue:
«Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto.»

Debes notar esto:
Para Israel la tierra prometida era Canaán.
Para nosotros es el cielo.

Israel vagó 40 años para llegar a la tierra prometida.
No llegaron allí al siguiente día. Pasaron 40 años para poder sacar a Egipto de sus corazones.

¿Puedes ver el mensaje?
Lo que llamas pruebas, lo que te da insatisfacción, lo que golpea tu ego, lo que te lastima, lo que te ofende, lo que te apaga, lo que te deprime, es solo el proceso, el desierto, que Dios usa para sacar a Egipto de tu corazón, para que no vuelvas a lo mismo de antes.

Todavía hoy muchos tenemos dependencia emocional a nuestro pasado. La Biblia enseña que ese apego o dependencia es necedad, es falta de sabiduría, falta de inteligencia. Porque mientras anhelamos con cariño «lo mejor del pasado», se filtran también los pecados del pasado:

  • Aquel novio que tuve, con quien tuve mi primera relación: fornicación, adulterio;
  • aquella buena temporada, cuando tenía mucho dinero y podía comprarme todo lo que quería: egoísmo, validad, avaricia;
  • aquellas fiestas tan alegres que me hacían sentir que tenía viva: borrachera, lujuria;
  • aquellos tiempos donde los hombres eran verdaderos hombres y se defendía el honor con dignidad: violencia, fanfarronería, maltrato;
  • aquel tiempo de escasez cuando de verdad éramos felices: idealización, depresión disfrazada, justificación de la miseria, etc.

La mujer de Lot se volvió estatua de sal porque miró atrás.
Jesús dice en Lucas 9:62:
«Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.»
Y Pablo dice en Filipenses 3:13-14
«Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.»

Vuelvo a decir que el llamado de Dios es a que su pueblo le celebre fiesta en el desierto.

Una y otra vez notarás en las Escrituras que la marca de un verdadero hijo de Dios se evidencia en la forma en que sobrepasa las adversidades, soporta las aflicciones, ama a sus enemigos.

Pero no sólo eso. El llamado a la tierra prometida es para tener lo que no podemos tener en la tierra de la esclavitud:

  • el gozo de la salvación,
  • la comunión con el Espíritu Santo,
  • una nueva vida.

Y muchas otras cosas más, que no son poca cosa.

No pasamos a la tierra prometida de un día a otro, tenemos que recorrer el desierto donde pasamos el proceso de dejar de verdad a Egipto, que representa nuestra vida pecaminosa pasada.
2 Corintios 5:17 dice:
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas

Dios está forjando en ti:

  • una nueva identidad, identidad de hijo;
  • un nuevo carácter, el carácter de Cristo;
  • una nueva vida;
  • una nueva familia.

Mirar atrás te impide verlo.
Tienes que mirar hacia adelante.
Cree que los planes de Dios son perfectos, los pensamientos de Dios son para bien, la voluntad de Dios es buena.

En vez de depender de tu pasado, depende de Dios.

Vamos a celebrar en el desierto la grandeza de Dios.
Soltemos Egipto, soltemos el pasado.
Marchemos, sigamos, pongamos la mirada en lo que está adelante.

Hoy toma la decisión de soltar Egipto, sacarlo de tu corazón. No más nostalgia por el pasado, no más dependencia emocional. No te quedes paralizado, ni retrocedas. No vuelvas al lugar de donde Dios te sacó. Dios está haciendo algo nuevo, deja que te sorprenda.