Mateo 18:21-22
Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
490 es el resultado de multiplicar 70 por 7. ¿Le llevarías la cuenta a alguien de sus pecados contra ti para llegar un día a decirle; este es tu pecado número 491, este y los que siguen ya no te los puedo perdonar? Creo que Jesús lo pone en perspectiva, y dado que no llevamos una contabilidad de los pecados que los demás comenten, presentar esta respuesta es sólo una forma sutil de decir «estén dispuestos a perdonar siempre».
Todos pecamos, así que en algún momento vamos a necesitar que nos perdonen. El perdón libera a quien lo recibe y a quien lo da. El perdón sana.
En los versículos siguientes a Mateo 18:22, Jesús explica con una parábola por qué debemos perdonar siempre. En la historia, Jesús les comenta sobre un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos que le debían, y le llevaron a uno que debía diez mil talentos. El siervo no podía pagar la deuda, así que aquel rey ordenó conforme lo establecido; el siervo, su mujer y sus hijos debían ser vendidos como esclavos para saldar la deuda, pero el hombre rogó que se le tuviese paciencia para pagar la deuda, pidió más tiempo. Aquel rey, movido a misericordia, le perdonó la deuda, al ver que era imposible que le pudiere pagar. Una vez salido de la presencia del rey, el hombre encontró a otro consiervo que le debía cien denarios, y éste le rogaba que le tuviese paciencia, que se lo pagaría, pero que le diera más tiempo. Sin embargo, en vez de aceptar su petición, le echo en la cárcel hasta que pagase lo que debía.
Cuando el rey se enteró de lo que aquel siervo había hecho, lo mandó a llamar y le reprendió fuertemente, le reclamó que no hubiera sido misericordioso, y que tomando en cuenta lo generoso que había sido el rey con él, actuara de la misma manera con su consiervo. Así que lo entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que debía. Jesús añade, para que no quede lugar a confusión: «Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas» (Mt. 18:35).
Según la conversión convencional, un denario son 4 gramos de plata, y un talento son 21,600 gramos de plata, así que un talento serías 5,400 denarios. Obsérvese que la relación que usó Jesús en esta parábola es sumamente extrema. Primeramente habla del siervo que debe 10,000 talentos, lo que sería 216,000,000 de denarios. Tomando en cuenta que el salario diario de un jornalero sería de un denario, trabajando todos los días del año, el siervo habría necesitado aproximadamente 591,780 años para pagar su deuda. Esto es una presunción, ya que hay otras formas de hacer dinero, pero entendemos que acá Jesús trata de poner en perspectiva una deuda impagable que tiene el siervo con el rey.
Por otra parte, la deuda del consiervo era de 100 denarios. Un poco más de tres meses bastarían para pagar esa deuda, y sin embargo, el siervo prefirió encarcelar a su consiervo por esta deuda. No se acordó de cómo había sido tratado, de la misericordia que recién había recibido del rey. Este contraste de semejante proporcionalidad e irracionalidad es el que experimentamos cuando no perdonamos a los demás sus ofensas, habiendo recibido por medio de Jesucristo, la oportunidad de ser perdonados de todos nuestros pecados.
En Mateo 6:14 está mucho más claro esto que enseña el Señor Jesús, ahí dice que si perdonamos a los demás sus ofensas, nos perdonará también a nosotros nuestro Padre celestial. Este condicional implica una acción primero y un resultado después. Así que es muy importante que lo puedas ver en esta dimensión, en la dimensión real: mientras no perdonas, no recibes perdón. Dios tiene el poder para perdonarte, y dispuso ya la manera de hacerlo, pero es necesario que cumplas la condición que Él pone, y esa es; debes de perdonar. ¿No lo habías visto así?
Es decir, entre tanto que realmente no has perdonado de corazón a tu hermano que te ofendió, aún no puedes recibir perdón de Dios por tus ofensas.
Si meditamos a conciencia, podremos darnos cuenta cuánto hemos ofendido a Dios, cuánto le hemos desobedecido. Nuestras faltas nos hacen merecedores del castigo, que en el caso del pecado, la sentencia es condenación. Pero podemos recibir perdón de pecados por medio de la redención de Jesucristo, la cuál nos lleva a cumplir las reglas del Rey de reyes y Señor de señores, quien dijo que debemos perdonar siempre.
No te hagas conflicto con el perdón, si lo consideras y lo practicas, sales ganando. ¡Bendiciones!